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Las bolsitas de pan que salvan del hambre a muchos vecinos

No son médicos ni salvan vidas en un hospital. Pero la bolsita de pan solidaria que preparan salva del hambre a muchos vecinos. Cipoleños y cipoleñas que, en tiempos de pandemia, no pueden ganarse el mango en la calle para comer y dar de comer a sus hijos. No hace falta preguntar. Es la gente del barrio que ahora pide en los almacenes 20 pesos de pan o 30 pesos de queso cremoso y un kilo de arroz, porque solo pueden comprar lo que tienen de efectivo y nada más.

Los protagonistas de esta historia noble, que agranda el corazón, son dos comerciantes de barrio. Los dos se llaman Matías, tienen familia y pasan estos días difíciles detrás del mostrador de un almacén. Con el parate económico que trae aparejada la cuarentena, vieron caer el volumen de sus ventas de forma considerable, pero son mucho más solidarios y entienden que otros vecinos la están pasando peor.

Matías Peña tiene su negocio en las calles Ingeniero Pagano y Suipacha, del barrio El Trabajo, hace casi dos años. Es papá de tres varones, de 15, 10 y seis meses; y sabe muy bien lo que es pasar necesidades. Por eso, cuando le preguntan cómo tiene margen para no bajar la persiana, y a la vez dar un poquito más todos los días a quién más lo necesita, recuerda: “Nosotros ya la pasamos, venimos de una familia muy humilde, sabemos lo que es tener hambre”, contó el almacenero.

Entonces vendía calzoncillos y medias en la calle; y su señora Nichi Cortéz aportaba a la olla del hogar con la venta de tortas fritas. Desde hace casi dos años viven del almacén, y son agradecidos con el barrio. “Los vecinos nos ayudan todo el año. Gracias a ellos podemos comer, así que ahora nos toca a nosotros ayudar con un poquito”, reflexionó.

Juntos empezaron a armar bolsitas de pan que dejan en una mesa, en el exterior de su comercio. Como la harina está cara, hay mucha gente que no le alcanza y por ahí viene con 15 pesos a comprar, decidieron regalar estas bolsitas a quien lo necesite. “Hay muchas personas que trabajan en la calle y ahora no pueden, un montón de gente que viene con la plata justa para picar algo nomás”, advirtió.

Desde hace tres días que colocan entre 10 y 13 kilos de pan, y se llevan todo. “Es un ayuda para el vecino, y cada vez son más lo que vienen. También vamos a traer ropa y zapatillas”, adelantó.

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El otro Matías solidario, de apellido Aman, es papá de dos hijos -de 9 y 7 años- y tiene su almacén en las calles Chile y Dante Alighieri, del barrio Brentana. No es nueva para él la actividad, ya que tiene tiene otros hermanos comerciantes, y así las ventas y el trato cotidiano con los clientes lo acompañan desde bastante tiempo.

El fin de semana pasado, se le ocurrió que podía donar bolsitas de pan; y en dos días -viernes y sábado- juntó 120 kilos. En diálogo con LMCipolletti, dijo que la gente se llevó prácticamente todo. Hasta una organización no gubernamental se acercó pidiéndole pan para llevar a un comedor.

“Yo lo hice a modo de colaboración. Ahora estoy viendo con un amigo que me ayuda si podemos repetir, aunque sea un día de esta semana. Seguro que lo vamos a hacer”, comentó.

Y agregó: “Tengo muchos clientes que se ganan el mango, día a día. Taxistas, plomeros, gasistas, albañiles. Y con esto de la pandemia, la respetan y se quedan en sus casas, pero más de uno ya se quedó sin plata para comer”.

Ventas en picada

En este contexto, Aman advirtió que cayeron mucho las ventas, alrededor de un 50 por ciento. “La gente busca lo justo y necesario, la mayoría va al súper a comprar con la tarjeta”, sostuvo.

Por ahí, observa que vienen con el peso justo para comprar lo que van a consumir en el día; y si bien trabaja con horario corrido, de 9.30 a 19, atendiendo a la gente detrás de una reja para cuidarse y cuidarnos entre todos, no hay mucho movimiento. “Se está poniendo muy fea la cosa, ojalá pase pronto; y mientras pueda ayudar, lo voy a seguir haciendo”, expresó Aman.

El almacenero del barrio El Trabajo también sufre el parate económico, el cual se refleja cabalmente en el transitar de la gente por el barrio. “Se labura, pero no tanto, no está viniendo mucha gente. Hasta las 14 hay movimiento. Pero cuesta llegar a las 17. Los vecinos compran temprano, vuelven a sus casas y después no salen. A veces tenemos que cerrar a las 18, o antes, porque no anda nadie en la calle”, concluyó.

El caso de un verdulero

También está el caso de Javier, un verdulero de la calle Saenz Peña al 380. Hace pocos días se sumó a la cadena solidaria y colocó un cartelito en su local donde regala una bolsita de verduras que dice: “Si la necesitás, llevala”.

 

Fuente: LMCipolletti 

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